lunes, 07 de marzo de 2005
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Un Nunca Más resonó en Auschwitz

Una ceremonia estremecedora marcó el 60º aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz.

Soportando temperaturas gélidas y mucha nieve, sobrevivientes octogenarios y líderes mundiales se dieron cita en Auschwitz para una ceremonia emotiva y a veces estremecedora dentro del más eficiente de todos los campos de exterminio nazis. El presidente de Rusia Vladimir Putin, el vicepresidente estadounidense Dick Cheney, el príncipe Eduardo de Inglaterra y el presidente francés Jacques Chirac estuvieron entre los representantes de 40 naciones que asistieron a la conmemoración de cuatro horas del 60º aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau por el Ejército Rojo.

Hablando a metros de las cámaras de gas donde murió al menos un millón de personas, una serie de políticos y líderes religiosos –demasiados, dados el clima y la edad de los sobrevivientes– se comprometieron solemnemente a no tolerar el antisemitismo y a que nunca más se permitiera que sucediera el Holocausto. La ceremonia fue el centro de los eventos que se llevaron a cabo en todo el mundo para recordar el intento de la Alemania nazi en 1939-45 de destruir las razas “indeseables”, que llevó a la muerte de por lo menos cinco millones y quizás hasta seis millones de judíos, así como cientos de miles de polacos y decenas de miles de gitanos.

En Londres, 600 sobrevivientes del Holocausto asistieron a una ceremonia conmemorativa en Westminster Hall en el Palacio de Westminster, con la presencia de la reina, el duque de Edimburgo, el premier británico Tony Blair, el ministro de Interior Charles Clarke y figuras líderes de la comunidad judía así como representantes de otras creencias. Sesenta de los sobrevivientes, muchos débiles y muchos usando kipá, encendieron velas para marcar cada año desde la liberación; a muchos se los vio derramando lágrimas mientras terminaban la tarea.

Durante la conmovedora y sombría ceremonia, el gran rabino Jonathan Sacks dijo que el Holocausto fue el “mayor crimen del hombre contra el hombre”.

Dijo: “Nosotros lloramos por una generación asesinada: los jóvenes, los ancianos, los inocentes, el millón y medio de niños –gaseados, quemados, convertidos en cenizas– porque eran diferentes”, Blair dijo que no había necesidad de recordar a los sobrevivientes la importancia de la fecha, pero las generaciones más jóvenes podrían preguntarse qué relevancia tiene para ellos la conmemoración. Dijo: “Nos recuerda el sufrimiento más allá de lo imaginable, no sólo por la miserable y horrible crueldad sufrida por las víctimas del Holocausto, sino por cómo se infligió”. “Era la muerte como una industria, no sólo la destrucción de la vida humana, sino la esencia humana, hecha con una barbarie que apenas podemos contemplar.”

El momento más conmovedor en el campo de Auschwitz-Birkenau no fue preparado. Una sobreviviente de Auschwitz, quizás impaciente con el tono formal de la prolongada ceremonia, tomó el micrófono para expresar su ira, no aplacada por seis décadas. La mujer, vestida de blanco y usando una estrella de David, dijo: “Yo era un número. ¿Por qué? ¿Por qué quemaron a mi nación? Nunca más sucederá. Estaba desnuda en este campo a los 16 años. Estoy parada nuevamente aquí”. Su voz se dispersó con la nieve.

Más de 300 sobrevivientes de Auschwitz, la mayoría de alrededor de 80 años, asistieron a la ceremonia que tuvo lugar en el monumento conmemorativo internacional entre las ruinas del Crematorio Dos y el Crematorio Tres en el campo de Birkenau. Estas eran las cámaras de gas y crematorios más avanzados y efectivos, unidos por un ascensor para remover los cuerpos. Fueron construidos por los nazis en 1944 y destruidos justo antes de que llegaran los rusos en enero de 1945.

Los sobrevivientes, probablemente reunidos en tal número quizás por última vez, usaban pieles y frazadas para resguardarse del invierno polaco. Muchos, sin embargo, también usaban los kipás finitos azules y grises usados por los prisioneros de Auschwitz. Para simbolizar la quema de los cuerpos del 1.000.000 de personas que murieron en Auschwitz –algunos historiadores dicen que pueden haber sido tanto como 1.500.000–, los organizadores polacos habían construido una línea de torres abiertas de metal conteniendo calderas. Linternas blancas brillaban a lo largo del kilómetro de vía que entraba al campo. Era aquí donde un estimado de 400.000 judíos húngaros, y miles de otras naciones europeas llegaron para ser inmediatamente divididos por los médicos y los guardias de la SS.

La ceremonia comenzó con la grabación de un tren a vapor llegando a la estación y las puertas que se abrían. Ante el sonido, muchos sobrevivientes inclinaron la cabeza. Cuando un tren llegaba a Auschwitz-Birkenau, niños, madres, cualquiera enfermo o mayor a 35 años, que eran la gran mayoría, eran llevados inmediatamente a las cámaras de gas. Los restantes eran desvestidos, afeitados, tatuados con un número y obligados a trabajar en el campo y en las fábricas de los alrededores manejadas por las SS. Simone Veil, la ex ministra de Salud francesa, quien fue traída a Auschwitz desde Drancy, al norte de París, a la edad de 16 años en 1943, dijo en la ceremonia: “Todavía lloro cuando pienso en todos los niños. Nunca podré olvidar a los niños”. El papa Juan Pablo II envió un mensaje en el que decía que el mundo debería vivir sobre los muchos hechos heroicos que sucedieron en Auschwitz así como la maldad que se perpetró ahí. “La maldad misma nunca tendrá la última palabra”, dijo. “Aún en las profundidades del sufrimiento, el amor triunfará”.

Las dos notas más estremecedoras las dieron el presidente ruso, Putin, y el presidente israelí, Moshe Katsov. Putin, que fue el huésped de honor representando al Ejército Rojo en la liberación del campo, provocó un prolongado aplauso cuando dijo que trataría de borrar las señales del antisemitismo que está reviviendo en Rusia. Siguió, sin embargo, comparando implícitamente la batalla contra el nazismo con su enfoque intransigente de la guerra civil rusa en Chechenia. “El terrorismo, como el fascismo, es un enemigo solapado y peligroso”, dijo. “Así como no puede haber buenos y malos fascistas, no puede haber buenos y malos terroristas”.

Katsov, el presidente israelí, recordó la complicidad de las administraciones de muchos países europeos ocupados por los alemanes en la deportación de los judíos a los campos de exterminio en Polonia. Más polémico, continuó sugiriendo que los gobiernos aliados sabían de los asesinatos masivos de los judíos desde 1942 y podrían haber hecho más para salvar a miles de vidas, bombardeando los campos o las líneas de los ferrocarriles que conducían a ellos. En cambio, dijo, los aliados “eligieron no hacer nada”.

La ceremonia finalizó en el congelado atardecer. Los políticos se acercaron uno por uno a colocar velas en el monumento al 1.000.000 de muertos de Auschwitz. Los sobrevivientes de Auschwitz, ahora temblando de frío, se alejaron de a poco.


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