lunes, 07 de marzo de 2005
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Cuando la naturaleza cambia la Historia

Los desastres naturales a menudo han cambiado el rumbo de la historia. Los vientos y las olas, incluso moderados, pueden derrocar imperios si ocurren en el momento oportuno, regularmente atrapando a una armada en el mar o a un ejército en marcha.

?No envié a mi flota a luchar contra los elementos, sino contra hombres? dicen que respondió el rey de España Felipe II cuando le informaron que su armada había sido derrotada por los ingleses, achacando la culpa a una tremenda tormenta que condenó a la desaparición a la mayor parte de sus naves.

La armada española había perdido sus mejores barcos y más de 10.000 hombres. Inglaterra triunfó por primera vez en el mar y comprendió entonces dónde estaba su futuro. Un decenio después, en el año 1600, tuvo lugar la fundación de la compañía de las Indias Orientales; Inglaterra pronto se convertiría en una potencia colonial.

El desastre no sólo había quebrantado el poderío español en el Atlántico, sino que también puso en duda la preponderancia de España como gran potencia europea y baluarte de la contrarreforma. Menos de dos decenios después de la gloriosa victoria de Lepanto comenzó la decadencia del imperio español que continuó bajo los soberanos que sucedieron a Felipe II.

Los desastres naturales a menudo han cambiado el rumbo de la historia. Los vientos y las olas, pueden derrocar imperios si ocurren en el momento oportuno, bien atrapando a una armada en el mar o a un ejército en marcha. El ejemplo de la malograda ?Armada Invencible? no fue el primero ni el último. En 1274 y 1281 los tifones salvaron a Japón de la invasión mongola, hundiendo sus flotas de asalto. En 1360, un ejército inglés marchaba sobre Reims para coronar a Eduardo III como rey de Francia cuando cayó granizo del tamaño de huevos de paloma, matando a hombres y caballos y desalentando al supersticioso Eduardo. Las invasiones de Rusia intentadas por Napoleón y Hitler fracasaron igualmente por el duro invierno.

El menos estudiado de los cataclismos que cambiaron el rumbo de la Historia tuvo lugar en el año 5500 antes de Cristo, cuando el Mediterráneo, que se elevó al derretirse la última glaciación, se abrió paso entre las colinas que rodeaban a un lago salino al noreste, y así se creó el Mar Negro. El agua de mar probablemente se vertió durante semanas a través de lo que ahora es el Bósforo, cubriendo los asentamientos humanos que circundaban al lago.

En el año 1600 antes de Cristo, aproximadamente tres siglos antes de la Guerra de Troya, el volcán Santorini, 200 veces más poderoso que la explosión del Monte Santa Elena, provocó olas de cientos de metros en el Mediterráneo, devastando Creta, capital del imperio Minoico, su flota y sus ciudades costeras. Fatalmente debilitado, el imperio posteriormente fue conquistado por los micénicos de la región continental griega, que establecieron el modelo de la cultura occidental.

Y en el siglo VI después de Cristo, la civilización Moche, asentada en los valles desérticos de la zona costera de Perú, pudo ser fatalmente debilitada por una combinación de terremotos y tormentas de ?El Niño? que hicieron desbordarse cientos de kilómetros de canales de irrigación desde los Andes. Los arqueólogos creen que un tsunami podo haber erosionado sus laderas en las costas, formando dunas que afectaron a las tierras agrícolas del valle.

Es seguro que el tsunami de las navidad hades de 2004 no pondrá fin a una civilización pero si el pasado sirve de guía, la respuesta a la sacudida del 26 de diciembre de 2004 perdurará más tiempo en la Historia que la misma ola gigantesca. Los desastres desgarran los amarres sociales tan rudamente como arrancan a niños de las manos de sus madres, y aunque se pudiera culpar a la naturaleza sin rostro del primer golpe, los son los protagonistas del torbellino político que le sigue.

Como ejemplo, el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, aceleró el fin de 71 años de régimen autocrático por parte del Partido Revolucionario Institucional, que en lugar de rescatar a las victimas y atender a los damnificados, ordenó durante las primeras horas a los cuerpos de seguridad salvar diversos bienes materiales, principalmente de empresas privadas. Una de las primeras reacciones del gobierno del Distrito Federal ante la tragedia fue la de expropiar sin razón aparente cientos de inmuebles, incluso muchos que no habían sufrido daños.

Varias áreas afectadas por el tsunami, particularmente Aceh (al norte de Sumatra), albergan algunos cócteles sociales muy peligrosos e impredecibles. La erupción del Krakatoa en 1883, ayudó por entonces a la causa de los fundamentalistas musulmanes entre los nacionalistas indonesios que asediaban a los colonizadores holandeses defendidos por su ejército. Esa guerra fue librada más duramente en Aceh, que practica un islamismo militante vinculado con la península árabe, muy distanciado con la mezcla más moderada de animismo, hinduismo e islamismo de Java, la isla donde se sitúa la capital de Indonesia, Yakarta.

Si la respuesta del gobierno indonesio ante la catástrofe llevara a errores como los acontecidos en México produciría el caldo de cultivo idóneo para una nueva ola, en esta caso de fundamentalismo.

Peor, si cabe, está el panorama en las Las Maldivas, una pequeña nación dependiente en exclusiva de turismo, que ha visto como parte de su territorio desaparecido bajo las aguas y una cuarta parte de sus sitios turísticos devastados. El daño económico se estima el doble de su producto interno bruto anual. El portavoz del gobierno ya ha admitió que el futuro del país está en peligro. (En 2001, Tuvalu, una nación de nueve atolones de coral se disolvió como estado acordando la emigración de sus 11.000 habitantes a la vecina Nueva Zelanda)

Sri Lanka El gobierno y la guerrilla de los Tigres Tamiles controlan cada uno una extensión de costa devastada, sin duda el apoyo de lo lugareños a unos u otros dependerá en gran medida de cómo resuelvan en cada caso la situación.

Volver la vista a la Historia también puede ofrecernos casos de inesperada unión entre fuerzas políticas opuesta. Quizá el mejor pueda ser el de lo dos terremotos que tuvieron lugar con apenas tres semanas de separación en 1999. Cuando uno cerca de Izmit, Turquía, mató a 17,000 personas, el primer país que envió equipos de ayuda fue el antiguo enemigo de Turquía, Grecia. Cuando Grecia a su vez sufrió un sismo, Turquía actuó en reciprocidad.

La tragedia envió a ambas naciones un mensaje simple: ?todos somos humanos?. El nuevo talante en las relaciones bilaterales condujeron a las conversaciones sobre Chipre y el fin de la oposición griega al ingreso de Turquía a la Unión Europea.

Quizá la tragedia de estas navidades permita que los rebeldes y el gobierno en Sri Lanka digan: ''Estamos en esto juntos?, pero lamentablemente es poco probable.


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